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Sorolla, mujeres y retratos

Febrero es un mes extraño, tiene la peculiaridad de ser el más corto del año y además es el que cada cuatro años, se rebela y añade un día.

No fue ese el caso de 1863, ese año, el mes mantuvo su tradición y llegando casi al final vio la luz uno de los pintores más relevantes de la plástica valenciana, española e internacional.

Joaquín Sorolla vino al mundo en Valencia un 27 de febrero, el mismo año que Eduard Manet ya había asombrado y escandalizado a la sociedad francesa con la obra Le Déjeuner sur l’Herbe y como el expresionista Edward Much.

Tres artistas coetáneos con una concepción del arte muy distinta.

Sin embargo, en los tres encontramos una voluntad de renovación de una disciplina que poco a poco abandonaba el academicismo decimonónico para entrar en una modernidad tanto en Europa como en España.

La obra de Joaquín Sorolla que, como Eduard Manet, encontró un maestro en los lienzos de Velázquez evolucionó desde un academicismo juvenil, con pinturas anecdóticas, tradicionales y en las que su paleta costumbrista aún mantiene las tierras y negros a la manera de Ignacio Pinazo. Estilos propios de la búsqueda de un lenguaje personal que es constante en casi todos los artistas, para evolucionar a obras más libres, más inmediatas de ejecución y usando colores primarios luminosos y ligeros con un tratamiento de la luz, las sombras y los medios tonos que dará nombre a su característico luminismo, enraizado en el impresionismo francés que tanto deslumbró a Sorolla en sus visitas a Paris

La evolución de este estilo es evidente en la exposición que se puede contemplar hasta el 30 de mayo en el Centro Cultural Bancaja. Femenino plural es el título con el que se nos presentan obras en los que los referentes mitológicos muestran influencias de un orientalismo más propio de Mariano Fortuny, metamorfoseando a la mujer cual odalisca romántica surgida del estudio del pintor, como se evidencia en la obra Mesalina en brazos de un gladiador.

Su estancia en Asís fue un periodo duro y de penurias económicas como él mismo confiesa en una entrevista realizada en 1912, allí, siempre según sus palabras estará el germen del gran pintor que conocemos y que se revela en un cuadro de pequeño tamaño, Contadina de Assisi.

Las mujeres, en el campo, bordando, remendando las redes de pesca, atendiendo a los hijos, madres, esposas, compañeras, prostitutas, mujeres anónimas… todas ellas son tratadas con dignidad en los lienzos de Sorolla.

Y llegará el gran retrato sorollesco, el que nos mostrará a reinas, a las damas de la alta sociedad, Doña María Teresa Moret,  Doña María de los Ángeles de Beruete y Moret, artistas como María la Guapa, María Guerrero, … retratos elegantes que nos anuncian un cambio de siglo, una nueva mujer, que lejos de anunciar el germen de un feminismo que no tardará en hacer su entrada en la sociedad, marcará el inicio de una nueva era. La Belle Époque que tiene su máximo exponente en el retrato de Raquel Meller.

María Hernandez-Reinoso

Historiadora de Arte y guía cultural

Guía Oficial de Turismo número 660

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